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Foto: Hprints.com

Nina Ricci lanzó Nina en 1987. Se trata de un eau de toilette envuelto en un frasco esmerilado de Lalique. Este floral aldehídico se ha discontinuado, aunque nunca se descarta que lo vuelvan a fabricar, ya que actualmente los clásicos de la marca (L’Air du Temps, Coeur Joie, Fille d’Eve, Capricci, Farouche) se re-editaron en la línea Colección Prestige.

Nacido de la inspiración perfumista de Christian Vacchiano, Nina debe ser aplicado en la piel para poder ser apreciado. Percibido au debouché no hace mérito a sus diferentes facetas olfativas y puede llevarnos a prejuzgarlo negativamente. La apertura aldehídica es muy singular. Tiene bergamota, flor de naranjo y mimosa, pero también la virtud de ubicarnos generacionalmente en los 80’s: hay algo que nos dice que no pertenece al estilo clásico del Chanel N°5.

Parece que la clave está en las hojas y brotes de grosellero, un ingrediente usado en 1976 por Jean Claude Ellena en la versión original de First de Van Cleef & Arpels. Lo revolucionario de estas partes de la planta es que aportan al perfume de un olor a amoníaco, similar al del pis de gato. Pero a no asustarse, que todo tiene un equilibrio.

El bouquet central está conformado por iris, ylang ylang, violeta, rosa y un jazmín que coquetea con el efluvio animal de la civeta. Una sensación terrosa y dulce apacigua y contrarrestra cualquier exceso: orris, vetiver y musgo de roble aportan una fría humedad. Finalmente, un halo de sándalo se posa sobre la composición, como si fuera el tul inmaculado que recubre a la modelo de la publicidad.

Origen: miniatura obsequiada por un familiar.

V.B.

Imagen: 23rf.com/portfolio/olaola