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Foto: Idparfums.com

Hay un discurso que atraviesa nuestra cultura desde hace muchísimo tiempo, podemos decir que desde hace milenios, sin temor a equivocarnos. Se trata de la asociación de la oscuridad con ideas negativas (la maldad, la tristeza, el miedo, etc.). Sin embargo, experiencias incomparables -como la de contemplar la profundidad de un cielo estrellado- nos enseña que la oscuridad enriquece y aporta matices a nuestra vida.

Como ese insondable cielo nocturno es Vertige, un eau de parfum de la marca francesa Isabel Derroisné. Comienza con una salida muy agradable y frutal. Luego de unos segundos cítricos de mandarina y pomelo, el carácter predominante es el de la grosella negra o casis. Fruta dulce y carnosa, pinta un fondo oscuro en el que aparecen como estrellas fulgurantes algunas pinceladas de manzana roja madura. Por momentos nos remite a tibios strudels de alguna alpina abuelita imaginaria.

Acto seguido, la alegría floral de la fresia entrelaza su perfume con el de una rosa discreta. El resultado es que las notas de cabeza y las medias proyectan una imagen femenina y misteriosa, como siluetas que se dibujan a media luz. Poco a poco las notas de base otorgan a Vertige de más calidez y personalidad, con una combinación de patchouli y sándalo.

El almizcle redondea las asperezas del patchouli, pero no del todo, pues cada tanto aparece su rasposa textura olfativa sobre la piel. Así se “sublima la parte misteriosa que todas tenemos”, como dice Claire Chambert, la creadora de este chipre frutado.

Origen de la muestra: obsequio de un familiar.

V.B.

Foto: Juicebenefits.net