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Imagen: Johnwilliamwaterhouse.com Ulysses and the Sirens, John William Waterhouse, 1891

En la mitología clásica las sirenas eran demonios marinos, mitad mujeres mitad pájaros. Atraían a los marinos con su encantadora e irresistible música, haciéndolos encallar en las rocas para luego devorarlos. Eran tres: Parténope (quien dio su nombre la ciudad de Nápoles), Leucosia y Ligea (de quien este perfume toma el nombre).

Al toparnos con esta fragancia en la tienda Carthusia en Positano, al instante se convirtió en una de nuestras favoritas de la línea (las otras dos fueron Mediterraneo y Corallium). La creímos demasiado potente al principio, pero con el correr de las horas fue ganándonos poco a poco: la longevidad era fabulosa y su fondo atalcado nos hipnotizó. No podíamos dejar de olernos la muñeca. 

Diseñado por la créatrice extraordinaire Laura TonattoLigea es un perfume que parece suspendido en el tiempo. Posee  riqueza y sustancia que rara vez se encuentran (huelen) en estos días y nos transporta a otra era. No nos resulta anticuado, sino que su encanto es atemporal.

La salida es hesperidada con mandarinanaranja y bergamota. No es fresca y jugosa, sino más seca y ligeramente amarga; más sustancial, como la corteza de estas frutas. Es esta salida la que habíamos juzgado como disonante cuando la olimos por primera vez.  Luego de la salida, las notas de Ligea se funden entre sí sin fisuras: patchouli, el maravilloso picor de los clavos de olor (tenemos una debilidad por el clavo en perfumería) y una pincelada de rosa, probablemente brindada por el geranio. La base, donde la vainilla y el benjuí arrojan su resplandor dorado sobre el atalcado opopanax, es tan gloriosa que nos deja en trance y sin poder pronunciar palabra.

Si bien no tenemos objeción hacia los sintéticos (y prácticamente no podríamos tenerla), nos desagradan los perfumes que huelen artificiales. El aroma de Ligea es increíblemente natural y la apreciamos incluso más por ello. Es también una de nuestras fragancias preferidas para la hora de dormir ya que, cada vez que la elegimos, nos recompensa con dulces sueños y un descanso plácido.

No podemos resistirnos al canto de esta sirena ni queremos hacerlo.

Nota Bene: Imaginamos que los amantes de Shalimar vintage que no están felices con la encarnación actual, definitivamente deberían probar suerte con Ligea.

Origen de la muestra: Botella comprada en la boutique Carthusia, en Positano

C.F.

Foto: Carthusia.it

The song of the sirens

In classical mythology sirens were sea demons, half women half birds. They lured sailors with their enchanting and irresistible music provoking their ships to be wrecked  on the rocky coast. They would then devour the unfortunate men. There were three of them: Parthenope (who gave her name to Naples), Leucosia and Ligea (from whom this perfume borrows its name).

When we found this fragrance at the Carthusia store in Positano, it instantly became one of our three favourites from the line (the other two were Mediterraneo and Corallium). We thought it a bit too powerful at first, but over the course of hours it won us over: the lasting power was fabulous and its powdery drydown got us hooked. We just couldn’t stop sniffing our wrists.

Designed by créatrice extraordinaire Laura TonattoLigea is a fragrance that seems suspended in time. It possesses a rich quality that is rarely seen (smelled) these days and take us to another era. It is not, however, old fashioned but has a timeless appeal.

The opening is hesperidic with mandarin, orange and bergamot. Not fresh and juicy, but drier and with a hint of bitterness; more substantial, like the rind of these fruits. It was this opening which we had thought dissonant the first time we sniffed it.  After the opening, the notes blend seamlessly in Ligea: patchouli, the wonderful spiciness of cloves (we have a soft spot for cloves in fragrance) and a hint of rose, most likely provided by geranium. The drydown, where vanilla and benjoin cast their golden glow over powdery opopanax, is so glorious that it leaves us entranced and at a loss for words.

While we don’t (and practically can’t) object to synthetics, we dislike fragrances that smell so. Ligea smells incredibly natural and we appreciate it even more for it.  It is also one of the fragrances we enjoy wearing to bed as, every time we do so, we are rewarded with peaceful sleep and sweet dreams.

We cannot resist this siren’s song and we don’t want to.

Nota Bene: We think lovers of vintage Shalimar who are not happy with its current incarnation should definitely give Ligea a try.

Origin of sample: Bottle bought at the Carthusia boutique in Positano

C.F.