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Foto: Fragrantica.com

Mandrágora. Tanto el sonido de la palabra como lo que simboliza destilan misterio. Es una planta que actualmente se usa para fines medicinales, pero que en la antigüedad se asociaba con la fertilidad y el deseo sexual. Tiene bellas flores y una raíz que recuerda a la piel humana, lo que le valió el papel central en rituales religiosos paganos.

Ese misticismo es el que las creadoras Camille Goutal e Isabelle Doyen quisieron evocar con Mandragore. Al abrirse al olfato, la fragancia es jugosa y fresca, gracias a las notas hespérides. La bergamota y un amargor de madera secada por la pimienta negra son una ligera bocanada de áspero aire desértico.

Pero disimuladamente, este eau de toilette de Annick Goutal, comienza a embriagarnos con menta, de un herbáceo verde oscuro. No es una menta “mentolada” y dulce, sino jabonosa, sombría y boscosa. Cuando el labdanum emerge balsámico desde las penumbras, aporta un velo ambarado que será el telón de fondo para el final del hechizo: chispas de jengibre y dulce anís estrellado realzan la madera y la entronan en un mullido almohadón de iris.

Mandragore es unisex, apto para cualquier momento del día (incluso del año). Es altamente recomendable para aquellos amantes de los cítricos que quieren ir un poco más allá. O para quienes desean esconder un hechizo bajo la inofensiva apariencia de una delicada flor.

Origen de la fragancia: regalo de una amiga

V.B

Flor de mandrágora