Etiquetas

, ,

Foto: Multibrand.net

Cuenta la leyenda que en 1380 el padre prior del monasterio de la Cartuja de San Giacomo, sorprendido por la inesperada llegada a Capri de la soberana Giovanna d’Angiò recogió las flores más bellas de la isla; esas flores permanecieron durante tres días en la misma agua y, cuando fue a tirarlas, el prior notó que el agua había adquirido una fragancia desconocida para él. Sorprendido, acudió al padre experto en alquimia que identificó el aroma como proveniente del clavel silvestre de Capri. Esa agua se convirtió en el primer perfume de Capri.
En 1948 el prior del monasterio descubrió las antiguas fórmulas y, con permiso del Papa, se las reveló a un químico de Turín quien creó el laboratorio más pequeño del mundo y lo llamó “Carthusia“.

La tradición hoy continúa y en la producción limitada se utilizan los mismos métodos que empleaban los monjes de la Cartuja. Varios de los perfumes originales han sido reconstruidos con ayuda de la nariz Laura Tonatto.

Debo confesar que tiendo a desconfiar de las presentaciones intrincadas: los perfumes que se encuentran rodeados por el mito no son necesariamente mejores que sus pares que ostentan menos pedigree y las leyendas no son más o menos hermosas por el hecho de ser verídicas. Esto dicho, la casualidad me hizo pasar por la puerta de la boutique de Carthusia en Positano y la tentación fue demasiado fuerte como para resistirla. No iba a dolerme.

Sabe Dios que no me dolió: la boutique era pequeña y encantadora; sus estantes cubiertos con eau de toilette, fragancias ambientales y bálsamos para labios. ya que estaba allí, decidí probar los aromas aunque no sabía bien qué estaba buscando.
Nota a mí misma: evitar los prejuicios aunque sólo sea en lo referente a perfumes.

Monica, la vendedora, me ayudó pacientemente a probar las fragancias. Encontré la calidad sorprendentemente buena y todos los perfumes, fáciles de llevar:

Mediterraneo era vibrante y alegre con notas de hoja de limón, verbena y té verde. me hizo evocar la visión de los rayos del sol pasando entre las hojas oscuras de un bosquecito de cítricos. Olía soleado, fresco y limpio y su longevidad me resultó más que decente para una fragancia cítrica.

Corallium poseía una sensualidad contenida y era suavemente atrayente. Al instante conjuró imágenes de piel dorada por el sol, casi dulce y salada a un tiempo. Bergamota, laurel, cedro, sándalo, ámbar y almizcle le brindan una sutil tibieza.

Io Capri, con notas de higo, menta y hojas de té; Fiori di Capri, un refinado floral blanco; Ligea, una dulce y atalcada mélange de mandarina y opoponax; Aria di Capri, que suma a los cítricos las aterciopeladas notas de la mimosa y el durazno…cada uno de ellos fue una grata sorpresa.

Probé todos ellos en blotters y, los que más me gustaron, sobre la piel. Tomé el resto del día para darles tiempo a evolucionar y para oler mis muñecas a intervalos regulares.

Al día siguiente me encaminé resuelta a la pequeña tienda de Carthusia y compré un frasco del perfume que había atrapado mi corazón.

La suave Filomena envolvió mi pequeño tesoro de manera tan primorosa que, al desenvolverlo más tarde, sentí que estaba cometiendo un pecado capital.

C.F.

Foto: Caro Fernandez

Carthusia – A pleasant surprise

The legend goes that in 1380 the father prior of the Carthusian Monastery of St. Giacomo, taken unaware by  the arrival on Capri of the Queen Giovanna D’ Angiò, made a flower arrangement with the most beautiful flowers of the island. The water was not changed for three days and, when the flowers were thrown away, the prior noticed that the water had acquired a fragrance unknown to him. He went to the father alchemist who traced the origin of this scent back to the wild carnation of Capri. That water became the first perfume of Capri.

In 1948 the prior of the monastery discovered the old formulas and, with permission of the Pope, revealed them to a chemist of Torino, who created the smallest laboratory in the world and called it “Carthusia”,
The tradition is now being continued and the limited production means being able to use the same methods as the Carthusian monks. Many of the original scents have been reconstructed with the help of nose Laura Tonatto.

I must confess that I tend to be wary of intricate introductions: fragrances surrounded by myth are not necessarily better than their pedigree-less counterparts and legends aren’t more or less beautiful by the fact of being true.
That said, I happened to walk past the door of the Carthusia boutique in Positano and the temptation was too strong to be resisted. It couldn’t hurt.

God knows it didn’t hurt: the boutique was small and cute, its shelves covered with eaux de toilette, room fragrances and lip balms. Provided that I was there, I decided to sample the scents, even though I didn’t know what I was looking for.
Note to self: avoid prejudice, if only when it comes to perfume.

Monica, the saleslady, patiently helped me try their fragrances. I found the quality surprisingly good and all of the scents easy to wear:

Mediterraneo was bright and cheerful with notes of lemon leaves, verbena and green tea. It evoked to me sun rays going through the dark leaves of a citrus grove. It smelled sunny, fresh and clean and I found its lasting power more than decent for a citrus fragrance.

Corallium possessed a restrained sensuality and was softly inviting. It instantly conjured visions of sunkissed skin, almost sweet and salty at the same time. Bergamot, bay, cedarwood, sandalwood, amber and musk lend it a subtle warmth.

Io Capri, with notes of fig, mint and tea leaves; Fiori di Capri, a refined white floral; Ligea, a sweet powdery blend of mandarin and opoponax; Aria di Capri, which added the velvety notes of mimosa and peach to citrus…each of them was a pleasant surprise.

I tried them all on blotting papers and, the ones I liked best, on my skin. I took the rest of the day to give them time to develop and to sniff my wrist at regular intervals.

The following day, I headed straight to the little Carthusia boutique and purchased a bottle of the scent that had captured my heart.

The soft-mannered Filomena wrapped my little gem it in such a darling way that unwrapping it later felt like a sin.

C.F.