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Foto: clarin.com

Pensemos ¿cómo olería toda una ciudad alfombrada de delicadas amapolas rojas? Por más floral y cálido que huela en nuestros pensamientos, no habría olor a nada en particular, pues las amapolas no tienen fragancia. Sin embargo, Alberto Morillas, con su imaginación y creatividad, logró concebir uno de los perfumes más exitosos de la última década, cuyo símbolo es la amapola roja.

Ya desde su frasco esbelto y curvo de vidrio transparente, transmite elegancia y delicadeza. Así son las notas de salida, dominadas por la rosa búlgara, que se percibe suave y casi lejana. Sin embargo, las notas medias que envuelven a la violeta de Parma son como un pesado terciopelo de jazmín y rosa, para finalizar con la presencia fuerte y empalagosa de la vainilla de Bourbon y el almizcle blanco.

Una sensación atalcada permanente, esa es la firma de este eau de parfum. Esa fragilidad que cobija la fortaleza de una personalidad con carácter para imponerse sobre otros. De hecho, no recordamos conocer a alguien dubitativa y pusilánime perfumada con un Flower by Kenzo.

V.B.

Origen de la fragancia:  muestra otorgada por compra