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Foto: Virginia Blanco

“Cachées sous les feuilles vernies de vert lumineux, les fleurs d’oranger nous ont livré une eau de toilette suave, tout aussi fraîche que sensuelle.”

Con estas palabras, Fragonard Parfumeur presenta una de sus fragancias más deliciosas: Fleur D’Oranger, “tan fresca como sensual”.
La casa fue fundada en 1926 por Eugène Fuchs en Grasse (Francia), la meca del perfume. El nombre que le puso fue en homenaje al célebre pintor rococó Jean-Honoré Fragonard, nacido en esa ciudad.

La idea original de Fuchs era únicamente vender perfumes a los turistas que visitaban la zona. Este plan casi se mantiene intacto, ya que hoy sus productos sólo se comercializan en Francia (Grasse, Eze y París). Recientemente se agregó la venta on line para unos pocos países.

Fleur D’Oranger es un homenaje a la flor del naranjo amargo, que fue hasta mediados del S.XX casi como el emblema del lugar. Luego, por cuestiones económicas, las plantaciones pasaron al norte de África. Sin embargo, rayando en algo mitológico, el aroma de esta flor revive aquellos años dorados de la Provenza.

La nota de apertura de este eau de toilette es neroli, muy fresca y apetitosa. En Argentina puede evocar a la miga de un pan dulce navideño o al aroma de las panaderías mientras hornean medialunas almibaradas (piezas similares a los croissants). Luego aparece el cuerpo del jazmín, para aportarle sensualidad. Finalmente, emerge el carácter de la bergamota, redondeada por el aura sutil del almizcle.

Nuestra opinión es que la dupla frescura-sensualidad se logra con creces y es justamente ese eje el que hace de Fleur D’Oranger una fragancia simple y notable. Por momentos dispara el recuerdo a lo tradicional de una colonia clásica. Pero luego de una hora, en su momento más gourmand, remite a lo infantil, a perfume de bebé.

V.B.

Procedencia de la fragancia: obsequio de un familiar, desde París.